¿Conciliación e igualdad de género?


imagen de conciliaciónTradicionalmente, el conflicto entre actividades y tiempo que implicaba la articulación de vida profesional versus vida familiar, se solventaba con una distribución de las actividades determinada según el sexo: los hombres al trabajo y a las mujeres al cuidado. El sistema capitalista-patriarcal ha hecho posible esta distinción entre tareas productivas, con mayor estima social, y tareas reproductivas, devaluadas.

 

La incorporación de la mujer al ámbito del trabajo remunerado es, probablemente, la reforma estructural más importante de la sociedad occidental. Ha transformado desde la estructura del mercado laboral, con sus correspondientes consecuencias en todo el entramado económico, hasta los patrones de interacción personal. Ahora bien, este proceso no ha sido acompañado por una armonización de todas las estructuras afectadas por él. Vacíos dejados por la mujer no han sido cubiertos, demandas correspondientes a su nueva ubicación social han sido ridiculizadas, ignoradas o, al menos dificultadas, etc.

 

Hombres y mujeres son simple y definitivamente seres humanos con los mismos derechos, las mismas obligaciones y las mismas capacidades. En términos de definición social, derechos y obligaciones deben ser iguales e idénticos. Esa igualdad en el ser y de derechos y obligaciones hace que, cuando se emparejan y les corresponde cuidar de personas dependientes integradas en la unidad familiar, la asignación de tiempos y cargas haya de ser distribuida entre hombre y mujer y compartida por ambos en toda equidad y sin predestinación, ni natural ni social, alguna.

 

Pero, los hombres no parecen estar predispuestos a dejar de ser y hacer lo que siempre fueron e hicieron, salvo en pequeñas dosis: su actividad principal sigue siendo el trabajo remunerado; en el hogar simplemente “colaboran” (y eso en el mejor de los casos). Esto hace que la auténtica conciliación sea en la práctica un referente lejano. Ante la imposibilidad de conciliar vida familiar y laboral en las circunstancias actuales, son las mujeres quienes suelen encargarse de “compaginarlas” con permanentes “malos arreglos”. Para ellas “compaginar” va a significar frecuentemente “acumular”, en dobles jornadas de trabajo