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Mujer y educación: algo de historia |
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En el siglo XIX la educación general se consideró como "obligatoria para todos los españoles" (y todas las españolas, por supuesto), si bien ciertas asignaturas eran adaptadas para las niñas y enfocadas a las "tareas domésticas propias de su sexo". Esta falta de formación en las mujeres incidía directamente en sus posibilidades laborales. Las mujeres se veían abocadas a desarrollar trabajos por un salario mínimo y con unas condiciones muy duras. La base de la formación en las mujeres se centraba en "ser una buena madre y esposa". A finales del siglo XX, durante la transición democrática, las mujeres lograron su acceso a todos los estudios y a todas las profesiones. El principio de igualdad de oportunidades para ambos sexos se introdujo en todos los proyectos y programas de formación como un tema trasversal. La igualdad de oportunidades y de trato para la mujer en y desde la educación, es la que garantiza la incorporación de niñas, muchachas y mujeres a la sociedad en condiciones de estrict a equidad. Asimismo, la igualdad de oportunidades constituye uno de los ejes indispensables que vertebran y articulan todo proceso de democratización en nuestras sociedades.
La educación y la formación nos proporcionan autonomía, nos facilitan poder elegir. No hablamos de conocimientos teóricos, hablamos de educación y formación como instrumento de socialización que nos permita, no solo el acceso al mercado laboral en condiciones de igualdad, sino desarrollarnos personalmente, relacionarnos y convivir sin discriminaciones por razón de sexo. Para ampliar la información consultar aquí
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Durante muchos años, los sistemas de educación y formación habían sido pensados exclusivamente para los hombres, por tanto las mujeres reivindicaban, con razón, su derecho a una educación igualitaria. 
